Diputado Esteban Velásquez ~ Región de Antofagasta
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*Al 7 de junio de 2019
Una Política de Honestidad El término política proviene del antiguo griego politiké, significando aquello que es para los ciudadanos. Y gran parte de la política son las decisiones que la sociedad toma para enfrentar las dificultades de la vida común. En su desarrollo los ciudadanos debemos exigir un valor básico y fundamental a quienes elegimos para la toma de estas decisiones, y me refiero al valor de la honestidad. Cuando una autoridad política no es honesta, perturba el mandato que ha recibido por quienes debe obrar y se arriesga a, más allá de engañar a los ciudadanos, engañarse a sí mismo y, cuando eso ocurre, no se pueden percatar de los errores que cometen, porque la concentración está en excusarse y no en corregirse. Por eso se debe tener cuidado cuando las autoridades interpretamos, de modo de no caer en engaños propios o ajenos. Por ejemplo, hay engaño cuando una autoridad fiscalizada por la Contraloría interpreta a su conveniencia el dictamen en que se ha evidenciado una serie de irregularidades que incluso se derivan a la Fiscalía por presunto delito, de modo de lavarse las manos frente a la ciudadanía.
También hay engaño cuando el Presidente de la República dice que la Contraloría señaló haberse cumplido con la probidad en el viaje de sus hijos a China en los que efectuaron negociaciones particulares, a costa del Estado, en circunstancia de que lo que se señaló fue que esta situación no se encuentra regulada, en consecuencia, mal podría cumplirse con las reglas si estas no existen en la materia. También hay engaño cuando, habiendo un déficit de miles de millones de pesos la autoridad se escuda en un criterio que no considera un perjuicio grave para el patrimonio institucional, aún siendo evidente la gravedad. Dice en Proverbios 28, 13 que quien encubre su pecado jamás prospera, pero quien lo confiesa y lo deja, alcanza el perdón. Todos podemos cometer errores, es cierto, pero más valioso es la honestidad de reconocer nuestros pecados, porque exige el análisis de lo obrado y además el arrepentimiento, porque esto importa intentar un cambio. Cabe entonces preguntarnos como ciudadanos ¿tenemos autoridades honestas? Y como autoridades nos preguntamos ¿qué política queremos construir: una política del engaño o una política de la honestidad?

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